Delcaración del Presidente Montilla sobre la Diada Nacional 2019

9 septiembre, 2019

Diada Nacional de 2019

Siempre he pensado que la Diada Nacional tiene que ser uno de los símbolos que contribuyan a expresar la unidad del país, en toda su pluralidad, alrededor de nuestras instituciones de autogobierno. Cuanto más se convierta en la expresión política de una parte del país, menos logrará su carácter de fiesta nacional del conjunto de hombres y mujeres que conforman la sociedad catalana. Creo que hay que hacer un mayor esfuerzo para evitar la devaluación de este y de los otros símbolos comunes: la senyera, la Generalitat y el Estatut.

Es evidente que hoy, como en los últimos años, la Diada está muy condicionada por los acontecimientos que se han producido en Catalunya impulsados por el propio Gobierno de la Generalitat y por quienes consideran que la única fórmula para mejorar nuestro autogobierno es la independencia.

Tal vez sea ya el momento de reflexionar sobre el balance del “procés”: ¿qué mejoras ha producido para la sociedad catalana? ¿Que han sacado de provecho los ciudadanos y las ciudadanas de Catalunya? Más allá de los horizontes idílicos y las opciones ideológicas, legítimas por otro lado, lo que tenemos son años de tensión, retroceso, división y sufrimientos personales, especialmente de aquellos que se encuentran en la prisión o lejos de sus familias como consecuencia de sus actos y de los acontecimientos que hemos vivido.

Creo que hoy ya es una evidencia que el “procés” y las reacciones que este ha provocado no han aportado nada positivo para la sociedad catalana. No estamos mejor. Ni tenemos más y mejores competencias y recursos para las políticas públicas que el país necesita, ni la sociedad catalana está más cohesionada, ni los anhelos compartidos de un autogobierno más sólido y eficaz se han abierto camino.

Por el contrario, la nuestra es hoy una sociedad malhumorada, con más desconfianza y cuestionamiento hacia nuestras propias instituciones y con menos capacidad para ejercer un liderazgo en España y en Europa que en otros momentos sí hemos sabido desarrollar. Necesitamos recuperar la iniciativa y el tiempo perdido.

En las próximas semanas, además, está previsto que el Tribunal Supremo haga pública la sentencia sobre el juicio celebrado en relación a los hechos de 2017. En una sociedad democrática como la nuestra hay que acatar las sentencias de los tribunales de justicia. De todos los tribunales y para todos los casos juzgados. Hay que hacerlo con respeto, aunque se pueden responder con críticas y muestras de desacuerdo y, naturalmente, con los recursos legales que puedan corresponder.

El fracaso de la política nos llevó a la vía judicial. Las togas sustituyeron el debate y la iniciativa política. Al día siguiente de la sentencia, sea cual sea su contenido y su alcance, la política tiene que recuperar su papel.

Lo más útil sería volver al diálogo, la negociación y el pacto. Hoy esta negociación es más difícil, porque la desconfianza, el recelo y el sufrimiento generado pesan – y mucho – en todas las partes concernidas. Pero todo el mundo debe convencerse de que no hay otra vía que buscar un nuevo acuerdo para reforzar el autogobierno de Catalunya y los cambios necesarios en el ordenamiento constitucional.

Catalunya ha demostrado a menudo su capacidad de pacto interior. Necesitamos un nuevo espacio de consenso nacional que facilite cambiar el rumbo. Nos mueve, a todos, nuestro compromiso con Catalunya, con su autogobierno y con la mejora del bienestar de la sociedad catalana. Sabiendo que para hacerlo no hay atajos.

Mientras esto no se consiga, nos hace falta con urgencia que haya un gobierno efectivo, con un presupuesto, un programa y una agenda pública adecuados para ocuparse de las cosas concretas del día a día. Un gobierno que prepare al país para los riesgos que tenemos en el horizonte. Una nueva recesión internacional especialmente en Europa, por ejemplo, no es una previsión osada.

Catalunya necesita volver a tener peso en el funcionamiento de España. El “nosotros solos” puede ser emocionalmente una buena opción. Pero en términos racionales es un inconveniente. Hemos perdido influencia, prestigio y reputación.

A Catalunya le conviene, igualmente, que haya gobierno en España. Un gobierno que entienda la situación de Catalunya, la naturaleza de los problemas de nuestro autogobierno y las urgencias sociales, económicas y políticas de nuestra sociedad. Sería deseable que las fuerzas políticas del país sucedieran actores constructivos en la solución de los problemas de gobernanza que atraviesa España, porque la situación de interinidad y de debilidad gubernativa nos perjudica a todos, también a los catalanes y las catalanas.

Requerimos, ahora y de nuevo, actos de coraje. El primero, reconocer honestamente el fracaso de la vía escogida para defender un proyecto político. Nunca más se puede caer en el error de creer que saltarse el marco jurídico es un buen camino. En segundo lugar, entender que el “procés” ha expresado un malestar basado en la existencia de problemas reales de nuestro autogobierno que, no tengo ninguna duda, tienen solución en el marco democrático. Sin estos actos de coraje no lo superaremos.

Finalmente, creo que hace falta que los responsables políticos y todos quienes tengan capacidad de influir en la sociedad catalana se conjuren en la consecución de un objetivo que todos compartimos: evitar que se consolide en Catalunya una sutil división entre dos bloques separados por la incomprensión y por la incompatibilidad de proyectos políticos. Si no trabajamos para evitarlo, podemos perder el bien más preciado conseguido desde la recuperación de la democracia: la unidad civil del pueblo de Catalunya, hoy ya gravemente afectada y cuestionada.

6 de septiembre de 2019

José Montilla Aguilera

Podéis leer el documento Diada 2019